Historia de Villarrica

Villarrica y su historia

La historia de Villarrica no tiene otra igual. Un intrépido capitán español, en la creencia de la existencia de oro en la zona de Corasyverá a unas 60 leguas al este del río Paraná funda en el año 1.570 la ciudad. A partir de entonces se convierte en una ciudad "viajera", ya que apenas 22 años después de su fundación, comienza su peregrinar desde 1.592 hasta que finalmente por Cédula Real del 12 de marzo de 1.701 se aprueba la instalación definitiva de la Villarrica del Espíritu Santo, en el sitio donde se encuentra hasta la fecha, luego de que un grupo de villarriqueños, partidarios del Ybytyrusu, acudió ante el mismo Rey de España para insistir con el pedido.

Esta reseña histórica, sobre la capital de nuestra "República del Guairá", es posible gracias a los relatos y apuntes de un entrañable amigo y coterráneo, el ingeniero agrónomo ADALBERTO CANO ARIAS, vasto conocedor de tantas historias de nuestra "Patria chica".

Adolfo G. Traverssi





VILLARRICA


El fin de un largo éxodo


-En 1.701 es el fin del largo éxodo.
-Vivieron miles de penurias.
-Un largo y penoso recorrido fue la constante desde la primera fundación de Villarrica.
-La cordillera del Ybytyrusu fue gravitante para que los pobladores de Villarrica
decidieran y lucharan hasta el final para establecerse en sus cercanías.


La serranía del Ybytyrusu cautivó a los villarriqueños

El actual Estado brasileño de Paraná era denominado en la época de la conquista española "Guairá". (1).

Fue Domingo Martínez de Irala que luego de triunfar sobre su adversario político, el adelantado Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, quien decidió tomar posición del Guairá ordenando la fundación de ciudades en el mismo y como medida política, con gentes partidarias del depuesto adelantado para alejarlo de Asunción.

Además, ya se presentaba latente la expansión territorial de Portugal y era necesario asegurar el camino precolombino, ("Tapeaviru"), que en una de sus principales ramas comunicaba el Alto Perú con el Atlántico.

Para realizar estos designios y por orden de Irala el capitán Rodríguez de Vergara funda la ciudad de Ontiveros a orillas del río Paraná, muy cerca de los desaparecidos "Saltos del Guairá".

Se funda Ciudad Real

El Gobernador Domingo Martínez de Irala, después de reconciliarse con el capitán Rui Díaz de Melgarejo ,quién había huido a Santa Catarina por ser partidario de Alvar Nuñez , comisión al capitán para que fundara otra ciudad en el Guairá cuando se tenía por decidido sea esta región el camino que comunique con España a través del Puerto de Santa Catarina en el Atlántico. De esa forma se fundó en el año 1.556 "Ciudad Real" por Rui Díaz de Melgarejo, despoblando para el efecto Ontiveros y erigiendo la nueva ciudad a tres leguas más arriba de los Saltos en la desembocadura del río "Pikyry".

En esta ciudad y siendo comandante de la misma Rui Díaz de Melgarejo, este tuvo noticias de la existencia de minas de oro (2) en las cercanías de la poblada zona del Corasyverá (3), situada en la mesopotamia del Huybay (actual Ivai) y el Pykyry (actual Pikiri), en el estado de Paraná, Brasil.

En consecuencia, la fiebre del oro se adueñá de los españoles, ansiosos de mitigar sus penurias. Entonces, Rui Díaz de Melgarejo, sin pedir ni esperar el permiso de Asunción decide por cuenta propia, junto a 40 compañeros , fundar la población que el idealista capitán auguraba prosperaría en la felicidad y la abundancia sin sospechar siquiera los sucesivos contrastes de su destino. Así nació Villa Rica del Espíritu Santo, correspondiendo este último nombre sagrado por haberse llevado a cabo la primera fundación un 14 de mayo, coincidentemente con el día del Espíritu Santo. Corría el año 1.570, de la época de la conquista.

Pronto empezó el desengaño. No había oro, sino hierro.
Sin embargo, la población villarriqueña comenzó a encender las fraguas del espíritu y la materia para templar el hierro y el ánimo. El mismo Rui Díaz de Melgarejo encabezó la extracción de la roca para fundir el metal que fue utilizado para la fabricación de armas, herramientas y monedas.

Villarrica aislada
El primer traslado

La población quedó aislada y sufrió varios reveses. La peste hizo mella entre sus habitantes durante el tiempo en que Rui Díaz de Melgarejo fue destinado a otro lugar.

En 1592 se produce el primer traslado compulsivo de la ciudad por decisión del capitán Rui Díaz de Guzmán, también intrépido e inteligente, al considerar la orilla del río Huybay (Ivai) una mejor ubicación, por ser este navegable hasta desembocar en el Paraná y a través del cual llegar a Ciudad Real y por sus puertos Mbaracayú y Victoria comunicarse con Asunción; además, muy cercano al nuevo asentamiento se encontraba el "Tapeaviru", un camino que conectaba, directamente, Santa Catarina con el Alto Perú.

En la confluencia de los ríos Ivai y Corumbatai (Huybay y Curumbatay) fue trasladada la ciudad, lugar en donde se encuentran las actuales ruinas de esa Villa Rica II, que fue destruida a sangre y fuego, en el año 1.632, por las hordas bandeirantes comandada por Manuel Preto. Esta ruina está ubicada en la cercanía de la ciudad brasileña de Campo Morao (al noreste), entre Cascavel y Maringá. Actualmente es un parque nacional celosamente custodiado por las autoridades brasileñas.



Causas de la destrucción

La ambición de poseer indígenas como mano de obra gratuita fue la causa directa e indirecta de la destrucción de la Villa Rica II.

En efecto, en 1.610 los Jesuitas empezaron a fundar la primera de las 13 reducciones muy prósperas y pobladas en el Guairá.

Los "bandeirantes paulistas" desde principio de ese siglo incursionaban en el territorio del Guairá para tomar prisionero a los aborígenes y venderlos como esclavos en Sao Paulo.

Un cacique capturado, que escapó y fue a refugiarse en una de las misiones, fue el pretexto de los "bandeirantes" para atacar y destruir las reducciones; arreando a todos los aborígenes catequizados.

Los pobladores de Villa Rica se mostraron indiferentes a este ataque y se puede decir, hasta con malicia, fueron cómplices de los mamelucos, pues les tenían adversión a los jesuitas, porque estos les arrebataban a los indígenas que eran sus manos de obra gratuita bajo el famoso régimen de las Encomiendas. Los jesuitas poseídos por el pánico decidieron evacuar las demás reducciones y bajaron siguiendo el Río Paraná hacia la Mesopotamia Paraná Uruguay, en una migración conformada por más de 15 mil personas.

Al encontrar desiertas las mayores reducciones los bandeirantes en nuevas tropelías, enfurecidos, bajaron hacia Villa Rica, cercando y atacándola. Los habitantes de la ciudad repelieron el ataque resistiendo el sitiamiento, desde agosto a octubre de 1.632, y al considerar estéril la resistencia decidieron finalmente evacuar la misma, produciéndose un penoso éxodo hacia Ciudad Real.

El pánico también se apoderó de los pobladores de esta ciudad quienes se unieron a los fugitivos e igualmente a los habitantes de los puertos aledaños.

La caravana decidió dirigirse a los yerbales del Mbaracayú y resolvieron afincarse en una de las nacientes del río Jejuí, al este de la actual ciudad de Ygatimí. Allí se afincaron en 1.634 dedicándose a la elaboración de la yerba mate, actividad que ya se desarrollaba en la ciudad que fue destruida. En el año 1.642, el gobernador Ledesma autorizó a los villarriqueños afincarse en las proximidades del actual arroyo Curuguaty, (entonces navegable), a 8 kilómetros al norte de la actual ciudad del mismo nombre. (4).



Progreso y bienestar
La cuarta fundación

En Curuguaty, la Villa Rica IV, con el esfuerzo tesonero de sus habitantes, alcanzó notable progreso y bienestar. La vida de la ciudad se desarrollaba tranquilamente; los hombres trabajaban en lejanos yerbales, cuando súbita e inesperadamente fueron atacados de nuevo. Corría el año 1.676.

Los osados bandeirantes, encaprichados contra la Villa Rica, cruzaron el Paraná y atacaron la villa española situada a 300 kilómetros de Asunción. Los 60 hombres que quedaron a defender la ciudad, ante la inferioridad numérica frente a los asaltantes - comandados por Pedrozo -, (compuesto por 3.000 hombres, entre tupís y mamelucos) tuvieron que pactar entregando a los aborígenes encomendados; pero, como los portugueses amenazaron con volver para degollarlos a todos, nuevamente el terror se apoderó de sus habitantes y de vuelta empezaron a abandonar por familias la ciudad, buscando la protección de Asunción.

En esta ciudad, cabecera de provincia, luego que se supo de la incursión bandeirante los enconmenderos se levantaron contra el gobernador Rexe de Corvalán, apresándolo; luego se tomó la decisión de enviar una expedición armada para escarmentar a los invasores y rescatar a los cautivos.

En consecuencia, como jefe de la expedición, nombraron al ex gobernador Diez de Andino. Sin embargo, este se mostró vergonzosamente más pusilánime que el otro, ya que alcanzando al enemigo cerca del Ńandurocai (estribaciones del Mbaracayú), no se animó a atacarle. En vano los 3 mil indios guaraníes, auxiliares de las tropas españolas, pidieron la señal de ataque para liberar a sus infelices hermanos cautivos. "Parecía, escribe el padre Funes, una tropa aliada que acompañaba a tropas amigas". En efecto, los bandeirantes iban retirándose tranquilamente, llevándose a su presa y parando de vez en vez para hacer fuego a las tropas de Diez de Andino que le seguía a prudencial distancia y que luego decidió volver hasta Asunción dando por terminada la expedición.

Este vergonzoso capítulo de la historia de Villa Rica demuestra que los españoles, tan duros hasta la sevicia (crueldad excesiva), contra los aborígenes y mestizos, se sentían temerosos para enfrentar con resolución y bravura a un enemigo de ayer y hoy de nuestra nacionalidad, tal como ahora se demuestra por aquella fatídica herencia.

De nuevo el éxodo

Luego de esta otra destrucción, los guaireños, en su nuevo éxodo, llegaron hasta la proximidad de Paraguarí solicitando al gobernador Rexe de Corvalán licencia para afincarse en las cercanías del Yhaguy o Yvycui.

Las autoridades asuncenas, defendiendo los intereses de sus acaudalados terratenientes y enconmenderos, egoístamente les negó el pedido. Lo guaireños, pobres, desamparados, hambrientos y muchos de ellos enfermos, se dispersaron en varios lugares. El núcleo principal, con el cabildo por delante, fue a asentarse en el paraje de Itapé, (probablemente en la cercanía del actual pueblo de Tebicuary mi), donde a raíz de las noticias de la abundancia de sustentos (recursos naturales), se unió la mayoría de las familias dispersas. Pero este quinto asentamiento de la Villa Rica no duró más de un año. Las autoridades asuncenas obligaron a abandonar el sitio escogido. El Gobernador Corvalán ordenó que la población se instale a unas 30 leguas de Asunción. A raíz de ello se eligió el lugar llamado "Espinillo" (al noroeste de la actual ciudad de Coronel Oviedo), en la cercanía del arroyo "Tovatiry", donde se levantó la Villa Rica de 1.678.

Una nueva desilusión

Pronto los guaireños tuvieron una nueva desilusión. El lugar no reunía las condiciones esperadas. Las tierras no estaban enteramente aptas para la agricultura y la escasez de agua se dejaba sentir con fuerza en época de sequías. Entre los planes, para el sitio elegido esta vez, figuraban igualmente la explotación de la yerba mate del Mbaracayú y la ganadería en las praderas del sur.

A raíz de las nuevas contrariedades, las autoridades guaireñas comisionaron a varios vecinos hábiles e intrépidos para explorar las tierras más allá del río Tebicuary mí. Esta tarea se inició a principios del año 1.679. Los exploradores al atravesar el río se sintieron fascinados por la imponente serranías del Ybytyrusu que se presentaba con toda sus majestuosidad en lontananza. Cruzaron la magnífica pradera, quedaron maravillados por la demostración de fertilidad de los elevados suelos color rojo ladrillo sobre los cuales crecía un bosque magníficamente lozano con cantidades de especies de árboles de los más apreciados. En las quebradas los manantiales surgían a borbotones dando nacimiento a impetuosos y límpidos arroyos, sonoros en sus torrentes y en sus remansos por los aletazos de una gran cantidad y variedad de peces. Era pleno verano; se sentía el rebosante aroma de los bosques. Las espigas doradas extendidas al sol expresaban fehacientemente la fertilidad de la tierra. De esa forma se observaban las capueras de los aborígenes de la zona, ya catequizados por los franciscanos de Caazapá que tenían en el lugar un oratorio. La abundancia de las aves inundaba con sus cantos y graznidos la alborada con tibias brisas salvaje y perfumada que bajaban de la serranía. Diferentes tipos de animales silvestres acudían constantemente a abrevarse en los manantiales; hasta tortugas se encontraban en ellos nadando. Pletóricos de entusiasmo no dudaron que era la tan anhelada tierra de promisión que se les ofrecía tras tantos sufrimientos y deambular. Regresaron ruidosamente a Espinillo y comunicaron eufóricos del hallazgo. Una nueva mudanza estaba en marcha. La ocupación de las tierras recientemente descubiertas y que ninguna población existente tenía jurisdicción sobre ella era el objetivo de estas familias villarriqueñas. Era tanta la alegría y en la que sería la definitiva Villa Rica del Espíritu Santo se construyeron rápidamente a iniciativa de los colonos las primeras casas y se realizaron las capueras. Mas surgirían tantas nuevas negativas desde 1.682, año en que los guaireños accedieron a una licencia del Gobernador Diez de Andino para ocupar estas tierras cercanas a las serranías del Ybytyrusu. Vaya paradoja del destino. Ante tanta dicha la licencia fue revocada por una inesperada contrariedad: "Un grupo de villarriqueños asentado en Espinillo se mostró reacio a mudarse al Ybytyrusu. Querían permanecer en el lugar o volver a Curuguaty" (génesis del mentado espíritu contradictorio del guaireño). En consecuencia, para desazón de los partidarios del Ybytyrusu el citado gobernador ordenó a todos los guaireños el cumplimiento de la ordenanza del Rey del año 1.679 que ordenaba volver a Curuguaty, a causa de un informe perverso del anterior gobernador Rexe de Corvalán. En 1.691, mientras los guaireños no cejaban en sus empeños y seguían poblando las colinas del Ybytyrusu, otro informe aún más perverso que el anterior envía al Rey el gobernador de entonces Francisco de Montfore, quien escribe a su majestad expresando falsos razonamientos para que los guaireños vuelvan a Curuguaty. La causa era otra: "Se estaba defendiendo los intereses económicos de los comerciantes de Asunción debido a que rápidamente Villa Rica se volví;a rival comercial de aquella". Ante todas estas contrariedades extras, los guaireños , ya curtidos sus espíritus por mil vicisitudes , presentaron ruegos con elocuentes testimonios, suplicando se deje sin efecto la orden real, la cual el nuevo gobernador Mendiola concedió en febrero de 1.698, suspendiendo momentáneamente la "Cédula Real". Pero los guaireños, decididos a luchar por quedarse definitivamente en las colinas del Ybytyrusu, no perdieron tiempo ni escatimaron esfuerzo para lograr con seguridad su ideal y en su empeño a través del "Consejo de las Indias", llegaron con su petición al mismo Rey, quien, con la Real Cédula del 12 de marzo de 1701, aprobó la fundación de la actual Villa Rica del Espíritu Santo, donde hoy esta enclavada.

Apuntes


1. Guairá: Según conclusiones preliminares del idioma Guaraní, significa: "Lugar de distribución taxonómica o centro de dispersión de la raza". Por la misma razón la palabra guaraní significa: "Pueblo que emigra, es decir, pueblo que se extiende, pueblo muy vasto, dilatado".

2. Quizás era la "pirita", mineral de hierro amarillo, llamado "oro de los locos".

3. Corasyverá: Nuestras conclusiones preliminares en la etimología y semántica guaraní nos hace creer que esta palabra significa "lugar de asentamiento o surgimiento de la aldea madre o primigenia".




VILLARRICA DEL ESPIRITU SANTO


Segunda Fundación
La única ruina conocida


  • »  La antigua ruina fue convertida en Parque Estadual del Estado de Paraná, Brasil, en el año 1966. Primero fue declarado Parque Nacional en 1948.

  • »  La segunda fundación contaba con unas 33 manzanas y alrededor de 3.500 habitantes.

  • »  Según los estudios realizados, en esta fundación ya se fabricaban vino, azúcar y harina.


Texto: Adolfo Traverssi
Relato: Adalberto Cano




A unos 295 kilómetros al noroeste de la ciudad de Cascavel, estado de Paraná, Brasil, se encuentra en la actualidad el "Parque Estadual de Vila Rica do Espíritu Santo", el cual está a cargo de la secretaría de medio ambiente y de la universidad estadual del Estado de Paraná.

Dentro del mencionado parque se hallan las ruinas de la que fuera asiento de la segunda Villarrica del Espíritu Santo, trasladada en el lugar en 1.692 por Ruí Díaz de Guzmán.

Las ruinas, situadas a la margen derecha del río "Ivai" y casi en la confluencia del río "Curumbatai", con aquel, pertenecen al municipio de la ciudad brasileña de Fénix (sugestivo nombre) de la cual el parque dista unos 3 kilómetros y las ruinas, propiamente dicha, alrededor de 7.

Para llegar a estas ruinas el visitante que parte de nuestro país deberá de Cascavel, situada a 180 kilómetros de Foz de Yguazú, dirigirse por el camino que conduce a la ciudad de Campo Mourão, donde está la oficina informativa respecto a las ruinas. De este punto se continúa por el camino a Maringá, se llega a la ciudad de "Peabiru" (histórica toponimia) y de este lugar se gira al oeste, pasando por "Eng. Beltrão", para arribar finalmente a la ciudad de Fénix.

Las ruinas fueron descubiertas en 1.777 por un mayor portugués de apellido Lópes que fue comisionado por el gobernador de San Pablo, Dr. Mourão, para explorar las tierras paranaenses. En el año 1.948 fue declarado "Parque Nacional" por el gobierno brasileño, prohibiéndose todo tipo de explotación en el lugar, y en 1.966 pasó a denominarse "Parque Estadual" del estado de Paraná.

El parque cuenta con una extensión de 354 hectáreas de vegetación nativa en repoblado natural, lo cual significa técnicamente una selva secundaria, o sea la ocupación nuevamente por la misma de un área previamente modificada por el hombre, es decir, donde fue una ciudad.

Tal es así que el lugar es estudiado continuamente por la Universidad Federal del Estado de Paraná por dos motivos: a) la biodiversidad de este relicto de lo que fuera la antigua selva que cubría toda la región y ya desaparecida, b) el comportamiento de la selva en su efecto de recolonización de un área (repoblado natural) previamente perturbada por la presencia humana (ciudad) partiendo de una época conocida.

En 1.963 el profesor Oldemar Blasi de la citada Universidad paranaense realizó trabajos de excavaciones en la zona extrayéndose en la ocasión alrededor de 20 mil piezas arqueológicas entre pedazos de cerámica, diversos utensilios, herramientas de hierro, monedas, etc.

Trabajos posteriores del citado científico permitieron igualmente trazar la configuración de la antigua ciudad y de acuerdo a las conclusiones de la misma constaba de unas 33 manzanas y unos 3.500 habitantes, entre españoles y sirvientes indios. Ademá;s, según los vestigios, en la segunda Villarrica ya se fabricaban vino, azúcar y harina. También poseían una fundición de hierro propia, produciendo de esa forma para sus herramientas, utensilios de diferentes tipos y sus monedas de hierro.

El Parque de "Vila Rica do Espíritu Santo" actualmente es uno de los principales puntos turísticos del Estado de Paraná. En el Museo de Historia de Curitiba, en el corazón de la ciudad, al costado de su Catedral, se exhiben algunos objetos arqueológicos extraídos de estas ruinas de la segunda Villa Rica del Espíritu Santo.